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Fabien Koutchekian, fundador de Genomines, lanzó la empresa para ofrecer a las industrias una solución alternativa a los depósitos naturales de níquel, que hoy están debilitados. Su startup está desarrollando un proceso de bioextracción sin minería y sin emisiones, diseñado para producir níquel bajo en carbono. Este enfoque tiene todo su sentido en un mercado dominado por unos pocos actores clave: en 2024, Indonesia produjo alrededor de 2,2 millones de toneladas de níquel, lo que representa más de la mitad de la producción mundial, según la Investing News Network. Esto coloca a Filipinas en el segundo lugar de los productores, con alrededor de 330,000 toneladas, seguida de Rusia, con unas 210,000 toneladas. Nueva Caledonia, a menudo citada entre los principales productores mundiales de níquel, se sitúa más bien alrededor del 6º o 7º lugar, lo que refleja un retroceso en su producción.
Esta concentración extrema expone al sector a riesgos geopolíticos, dinámicas de precios inestables y una alta huella de carbono. En este panorama, Genomines apuesta por una producción europea, local y sostenible — un activo para las industrias que buscan asegurar su suministro mientras reducen su impacto ambiental.
1. ¿Cuáles son los principales factores que hicieron que esta ronda de financiación fuera más difícil que la anterior?
Esta ronda de financiación resultó ser más compleja por varias razones. Primero, nuestro posicionamiento en la tecnología climática nos expone a un sector que se ha vuelto menos atractivo a los ojos de los inversores, en parte debido a fracasos recientes y proyectos que carecen de rendimiento económico. Luego, estamos tratando con una materia prima — el níquel — cuyos precios están sostenidamente presionados a la baja por una sobreconcentración de la producción en Asia. Esto crea un sesgo sobre la rentabilidad potencial. Finalmente, la debida diligencia fue más larga y exigente, especialmente porque buscábamos un monto más alto en un mercado globalmente tenso.
2. ¿Cómo ha evolucionado el enfoque de los inversores, especialmente en lo que respecta a la debida diligencia?
Ha cambiado claramente. Hemos observado un proceso de debida diligencia mucho más largo, técnico y detallado. Algunos aspectos a veces rozaban lo "ridículo" dado el alto nivel de exigencia, lo que alarga los plazos y ralentiza las transacciones. Los inversores ahora quieren verificar cada suposición, cada parámetro técnico y económico, antes de considerar un compromiso.
3. ¿Cuál es la situación actual para las empresas tecnológicas que operan en el sector climático, y cuáles son los elementos clave para tener éxito?
La situación es "muy, muy complicada". Los inversores ya no se conforman con un potencial o una promesa: exigen fundamentos extremadamente sólidos, tecnología probada, clientes, contratos, viabilidad económica demostrada y un marco regulatorio favorable. Muchas empresas están fracasando hoy en día por falta de estas pruebas. En este contexto, hay que llegar con un expediente impecable y un modelo capaz de sobrevivir en un mercado muy selectivo.