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Durante mucho tiempo percibida como una herramienta de desarrollo, la diversificación agrícola está cambiando de naturaleza. Bajo la influencia de mercados cada vez más inestables, el aumento de los costos de producción y una rentabilidad en declive en ciertos sectores, se está convirtiendo gradualmente en una condición de supervivencia para muchas explotaciones.
El choque provocado por la guerra en Ucrania ilustró la fragilidad de estos equilibrios. El aumento de los precios de la energía y los fertilizantes ha llevado a una explosión de los costos de producción, mientras que los precios de los cereales, tras un pico, han retrocedido rápidamente. Las tensiones actuales en Oriente Medio sugieren un escenario similar: un nuevo aumento de los costos, sin garantía de compensación sostenible en los precios agrícolas.
Como agricultor, Antoine Dalle observa este cambio desde dentro. Fundador de Dalle Consulting, presidente de CoFarming y miembro de la red AgriCoaching, ha estado apoyando a los operadores en sus estrategias de transformación durante varios años.
Su observación es clara: la diversificación ya no es solo una opción para crear valor; se ha convertido en un imperativo para asegurar ingresos y repensar en profundidad el modelo agrícola.
¿Por qué la diversificación está hoy en el centro de las estrategias agrícolas?
Hace veinticinco años, cuando yo mismo diversifiqué mi explotación de cereales lanzando una actividad de energía de biomasa, era ante todo un enfoque de desarrollo. La explotación funcionaba bien, pero quería crear valor de otra manera.
Hoy, la lógica es completamente diferente. La diversificación se ha convertido en una necesidad económica. Ser mono-dependiente se ha vuelto arriesgado, especialmente en cultivos a gran escala. Los agricultores están sujetos a mercados globales sobre los que no tienen control, mientras enfrentan altos costos de producción y importantes restricciones regulatorias.
Posicionada como una solución a la crisis agrícola, ¿qué implica realmente la diversificación?
La diversificación abarca realidades muy diferentes. Se deben distinguir dos niveles. Por un lado, el cambio: ajustar prácticas, modificar la rotación de cultivos, introducir nuevos cultivos. Esto es importante, pero sigue dentro del marco de la profesión existente. Por otro lado, la transición. Aquí, se trata de hacer algo diferente, crear nuevas actividades complementarias: procesar en la granja, vender directamente, producir energía o incluso desarrollar una actividad dual. Esto es mucho más comprometedor porque se entra en un ámbito desconocido. Requiere aprender, asumir riesgos y aceptar la posibilidad de fracasar.
Está trabajando en nuevos sectores como el bambú. ¿Por qué generan tanto interés?
Porque abordan un problema clave: la rentabilidad. Tomemos el bambú como ejemplo. Los márgenes alcanzan aproximadamente 2,500 euros por hectárea, en comparación con 500 euros para los cereales en buenos años.
Además, estos sectores a menudo están asegurados por contratos a largo plazo con industriales. El agricultor sabe a quién vende, a qué precio y por cuánto tiempo. Este es un elemento fundamental: la seguridad de los mercados cambia las reglas del juego. Estos cultivos también tienen la ventaja de ser de bajo insumo y relativamente resilientes a los fenómenos climáticos. La lógica de riesgo se ve profundamente alterada.
¿Qué hace que una diversificación sea exitosa?
La clave no es tanto la producción como el mercado, los canales de venta.
Los agricultores saben producir. El verdadero desafío es vender. Y aquí, los sectores estructurados con salidas industriales juegan un papel determinante. Cuando un actor industrial se compromete a comprar la producción, se asegura la inversión.
Por eso creo firmemente en el desarrollo de sectores localizados, especialmente en torno a materiales biosostenibles o energía.
¿Existe un perfil tipo de agricultor que se diversifica?
No, no es una cuestión de tamaño de explotación. Es ante todo una cuestión de mentalidad. La diversificación depende principalmente del emprendedor.
Todo depende de la persona que está al frente de la explotación: su apetito por el riesgo, su deseo de emprender, su capacidad de proyectarse.
Y no debemos olvidar que estas decisiones también tienen un impacto familiar. Una diversificación puede transformar profundamente la organización del trabajo y la vida personal. Esto debe ser considerado a nivel del hogar.
¿La diversificación también pasa por los cultivos?
Sí, y es indispensable para limitar los riesgos. Reducir el número de cultivos aumenta la exposición a los imprevistos. Por el contrario, diversificar la rotación de cultivos permite amortiguar los choques.
Ciertos cultivos, como el cáñamo o la camelia, también ayudan a reducir la dependencia de insumos mientras abren nuevos canales industriales.
Pero esto sigue siendo una evolución del sistema existente, no una transformación completa del modelo económico.
Personalmente, cometí este error en el pasado. Simplificar la rotación de cultivos me hizo más vulnerable. Hoy, integro cultivos como el cáñamo o la camelia, que ayudan a reducir la dependencia de insumos y abrir nuevos canales, especialmente en energía o industria. Pero esto sigue siendo un cambio, no una transformación completa del modelo.
¿Por qué la diversificación no se impone más rápidamente?
Hay varias barreras que explican por qué el sistema agrícola está bajo presión.
Primero, los agricultores a menudo invierten más en maquinaria o tecnología que en su propio acompañamiento estratégico. Dedican pocos recursos a reflexionar sobre su actividad, a clarificar sus objetivos o a buscar apoyo.
Luego, el sistema económico global sigue siendo muy restrictivo. La agricultura francesa enfrenta altos costos, mientras que los consumidores siguen siendo extremadamente sensibles al precio.
¿El aumento de cultivos energéticos o industriales pone en riesgo la función alimentaria de la agricultura? ¿Hacia una agricultura menos alimentaria?
El riesgo existe, pero no debe ser caricaturizado.
Ya estamos viendo señales: alrededor de 20,000 hectáreas salen cada año de la producción agrícola, por falta de rentabilidad.
Algunos agricultores priorizan cultivos de biomasa o actividades como la metanización, porque ofrecen ingresos más estables. La tendencia es real, aunque aún no se ha generalizado.
¿Cómo ve la evolución del trabajo de agricultor?
Nos dirigimos directamente hacia una diversificación de modelos.
Por un lado, agricultores que externalizarán parte del trabajo para dedicarse a otras actividades. Por otro lado, agricultores que multiplicarán actividades para mantener sus ingresos: energía, ganadería, transformación.
Ya no habrá un modelo único, sino una coexistencia de estrategias diferentes.
Diversificar para seguir siendo agricultor, ¿su credo?
Sí, claramente. Hoy en día, diversificar es a menudo una condición para seguir siendo agricultor. Detrás de la diversificación, no solo se juega una cuestión económica, sino una redefinición del papel del agricultor. Debe ser pensada, estructurada y alineada con cada proyecto individual.